A lo largo de la historia, la Astrología (de logos, saber) englobaba tanto el conocimiento de las leyes del movimiento de los astros como, fundamentalmente, del saber que pudiera generar ese estudio.
Sin embargo, el análisis de los astros y sus leyes cobró mayor fuerza con los descubrimientos, que favorecieron el conocer que había mucho más que investigar en el firmamento. Así, la Astronomía (de nomos, reglas, leyes) se desligó de la Astrología y nació como disciplina independiente con un amplísimo campo de estudio.
En los últimos tiempos, sin embargo, la Astronomía ha acabado enfrentada a la Astrología, basándose en que el antiguo saber de los astros no tiene ninguna base según las reglas y leyes que ellos han descubierto.
Así, comete un grave error, porque la Astrología no se refiere ni se ha referido en la historia exclusivamente a cartas astrales e influencias planetarias, sino que ha profundizado sobre lo que su propio nombre indica “saber de los astros”. Así, gracias a la Astrología se establecieron calendarios, se conoció el significado de los ciclos y se procuró atención médica, entre otras muchas aplicaciones prácticas de dicho saber.
Sin embargo, la Astronomía sigue necesitando a la Astrología, porque el conocimiento de leyes, reglas y astros no tiene sentido si no genera saber: conocer que nuestro planeta va a destruirse no tiene sentido si se queda simplemente en un dato.
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