13/05/2008
NEPTUNO
Uno ve sólo lo que quiere ver, o lo que otros quieren que uno vea. Así, tenemos la sensación de que Pasteur y la penicilina nos salvaron a todos, y que gracias a las medicinas estamos vivos, como si antes de Pasteur y la industria farmacéutica la gente muriera constantemente, o fuera imposible llegar a los 60 años.
Exactamente igual sucede con la ciencia, cuya historia no es otra cosa que una relación de errores constantes: cada vez que alguien se oponía radicalmente a lo que decía la ciencia en ese momento, era criticado y y perseguido por sus colegas, cuando no mirado con absoluto desprecio. La ciencia establecida, la que ahora nos vende que ciencia es sinónimo de verdad (como lleva vendiendo desde hace 500 años), no ha hecho otra cosa que equivocarse: la gran mayoría de teorías científicas que en su época eran defendidas, y que obligaban a que el resto de la población las creyera, han resultado falsas con el tiempo, aunque sea parcialmente. ¿Por qué ahora va a ser distinto?
Por poner un ejemplo, Maestlin, maestro de Kepler, le dijo que no era sensato confiar en los logaritmos cuando nadie comprendía cómo funcionaban, comentario muy similar a muchos que se hicieron sobre las computadoras a primeros de los 60. O el caso del doctor Semmelweis, que murió loco y fue expulsado de la profesión por haber descubierto el origen de una grave enfermedad, que siguió matando mujeres muchos años después, por no ser escuchado.
Cada nuevo gran descubrimiento ha tenido ha tenido que salvar barreras a veces infranqueables, llegadas desde la ciencia oficial. O recibir desprecio, como cuando se descubrió Neptuno.
John Couch Adams encontró una solución al problema de los cambios en la órbita de Urano, y en 1844 solicitó al Astrónomo Real datos mas precisos sobre el movimiento de este planeta, gracias a lo cual, en 1845, Adams pudo informarle sobre su descubrimiento de Neptuno. El Astrónomo Real, así como un eminente catedrático de la Universidad de Cambridge, no le hicieron el menor caso. Un año después, Leverrier, en Francia, acabó unos cálculos muy similares a los de Adams, y los presentó al astrónomo Galle, en Alemania, que encontró al planeta Neptuno casi exactamente donde afirmaban tanto Adams como Leverrier. Al año siguiente, 1847, la Royal Astronomical Society de Inglaterra dio su premio anual a Leverrier por sus cálculos, aún conociendo perfectamente que Adams los había llevado a cabo un año antes y no le hicieron caso. El Astrónomo Real, un eminente catedrático de Cambridge y la Royal Astronomical Society: lo más granado de la ciencia oficial.
Neptuno, octavo planeta del Sistema Solar, es la prueba más clara y visible de la Astrología Mundial. Pero la ciencia exige demostraciones antes de empezar siquiera a prestar atención, pero luego no siempre las acepta, como en el caso Adams. Así, exige demostraciones para la aceptación, pero luego acepta a su antojo, esté demostrado o no, a menos que sea tan claro y flagrante que no quede otra opción.
André Barbault, astrólogo francés, y uno de los más grandes estudiosos de la astrología Mundial (la que habla de movimientos de países y ciudades en vez de personas), trabajó lo suficiente sobre Neptuno como para predecir uno de los acontecimientos más importantes del siglo XX. Frente a Urano y lo individual (muy marcado en la fecha que eligieron los astrólogos para la Declaración de Independencia de los Estados Unidos), Neptuno representa el poder de lo colectivo. Neptuno se descubrió en 1846, justamente cuando estaba junto a Saturno en el cielo desde el año anterior, lo que sucede cada 36 años, aproximadamente. La sigueiente conjunción tuvo lugar en 1881 y, como representación de lo colectivo, los primeros movimientos revolucionarios rusos acabaron con la vida del zar Alejandro II, manteniendo su fuerza hasta 1917, justo 36 años después, cuando la Revolución rusa que dio lugar a la URSS acabó con ellos.
A principios de 1953, en vísperas del siguiente encuentro de los dos planetas, André Barbault publicó en su revista que, viendo que cada 36 años se producía un acontecimiento significativo relacionado con Rusia (y, por tanto, con la representación del poder de lo colectivo), algo importante debería pasar ese año.
Efectivamente, en 1953 murió Stalin, y la URSS comenzó la campaña de expansión del comunismo y colonización a nivel mundial (Pacto de Varsovia, 1955; invasión de Hungría, 1956, etc).
Como predicción tras la hipótesis, en un libro publicado en 1981 André Barbault expone: “[…]¿se me concederá más crédito si tomo seriamente la próxima conjunción Saturno-Neptuno de 1989 como el anuncio de un giro decisivo para el destino de la URSS y del comunismo mundial?[…]”.
Ocho años antes, cuando nadie hubiera imaginado jamás esa posibilidad, Neptuno, a través de la Astrología y de estudiosos como Barbault, nos estaba contando un acontecimiento fundamental del siglo XX: la caída del muro de Berlin, lo que llevó al fin de la URSS y, aparentemente, del comunismo. Y digo aparentemente, porque la siguiente conjunción tendrá lugar en 2025, y algo o alguien debe ocupar la representación del poder de lo colectivo en el mundo, posiblemente los chinos o el mundo árabe.
Así, tenemos un estudio preliminar detallado, la creación de teoría, la formulación de hipótesis, y que las hipótesis se cumplen. Método científico puro. Demostrada la verdad que encierra, al menos, una parte de la Astrología.
Ahora se trata de que se quiera aceptar o no.
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